Una vieja casona de Barcelona es el tesoro secreto de un artista

Barcelona.- Las vivencias de un Nueva York ya lejano están acuarteladas entre las paredes de lo que fue en el pasado el aposento de los Otero Silva, ahora en manos de un pintor y escultor que tiró anclas en la calle San Carlos de la histórica Barcelona, para el cultivo de anones, jobitos, guanábanas y otras especies entre cuadros y esculturas. Así transcurre el diario trajinar de un ser  que se ha mezclado misteriosamente entre nuestra gente.

Pasar el umbral de ese portón de madera, alto, y misterioso, nos conduce a un am-biente que guarda con celos las facetas cotidianas de la vida de Richard José Luis Camejo Arreaza, un hombre menudo,  pero con muchos recuerdos de éxitos pasados, que vienen a su mente y lo hacen recorrer muchos lugares y galerías en donde cultivó su arte para lograr premios y estímulos de jurados y críticos de todo el mundo.

Camejo y Arreaza, apellidos que vienen de  Aragua de Barcelona, la tierra que lo vio nacer hace 55 años, su padre fue el Edu-cador y Diplomático, conocido como José Ramón Camejo, quien mantuvo un nombre que está grabado entre los grandes de Venezuela. Su madre no menos destacada de la educación y venida de una noble familia de la Atenas de Oriente, descendiente de la familia de otro venezolano de gran calificación como lo fue nuestro Miguel Otero Silva.

Desde muy pequeño vivió en Caracas, donde vino su padre a cumplir con actividades políticas y profesionales. Estudió arte en la Escuela Cristóbal Rojas bajo la dirección del gran maestro Claudio Cedeño, fue discípulo del destacado artista Pedro Centeno Ballenilla, viajó a Nueva York, y allí estudió arte. Fue figura importante del Gran Salón de Nueva York, ha cultivado diversas áreas culturales con destacada figuración, sobre todo en la pintura y escultura con obras bien calificadas por jurados que le otorgaron lugares trascendentes en donde se conocieron sus obras.

En Caracas luego del cultivo de sus éxitos culturales, se unió a grupos de vanguardia que promovieron el arte como parte de la cultura popular, para llevar a todas partes sus conocimientos, y formó parte del  Grupo Tilingo, para la época dirigido por Clara Rosa Otero.

A su regreso al país, José Luis Camejo se radicó en la parroquia Altagracia en Caracas y produjo diversas obras que le dieron mucha satisfacción, entre ellos el Premio Municipal de Pintura, con una producción llamada Estructura Marginal, que refleja la rancherización de nuestra capital nacional, un cuadro que aún conserva entre sus tesoros personales.

También tiene en las paredes de la casona, la Exhuberante Naturaleza, en Mosaico, el Baile Tropical, y ha desarrollado especialidades extraordinarias como es el trabajo en cáscara de huevos, tela de coleto, y papel de bolsa de harina, mismas con las que construye hermosas muñecas de diversos tamaños. También utiliza latas de manteca que le dan vida a figuras y animales como cebras y leones, además de hacer diversidad de es-culturas que construye con desechos sólidos que recoge en las calles de la ciudad, bajo la premisa de que el arte esta en todas partes.

Ahora, entre recuerdos, nostalgia, sus propias vivencias y el altísimo nivel de su autoestima, sigue cultivando el arte y se de-dica al cuido de sus árboles y plantas, diseminados en los solares internos y patios de esa vieja casona, heredada de su tía Clara Rosa Monagas, descendiente de los ilustres José Gregorio y José Tadeo, los hermanos que escribieron parte de nuestra historia y nos dejaron el legado de una Patria grande.

Allí  José Luis, diariamente lleva a los kioscos de Barcelona, el producto de sus cultivos, especialmente varias especies de jobito, anones, limones injertos y criollos, tamarindo chino, guanábanas y otras especies frutales. Cachivaches, piedras, hierros, cortes de vidrios y otros desechos, constituyen su tesoro, con el que construye una especie de arte muy particular que vale la pena dar a conocer.

Por cierto lo único que dejó el mandarriazo del Paseo Colón a manos del ex alcalde de Sotillo, Nelson Moreno, lo guarda como un tesoro este artista, lo recogió de entre los escombros de aquel inolvidable septiembre portocruzano, “la cabeza de la Sirena del Paseo”.

http://nuevaprensa.web.ve

Los comentarios están cerrados.